Hay aprendizajes que no caben en un cuaderno
Redacción TABOSE

Hay aprendizajes que no caben en un cuaderno. Algunos empiezan cuando un niño descubre que puede ocupar el espacio sin empujar a otro, cuando aprende a reconocer sus propios movimientos, a escuchar el ritmo de sus compañeros o, simplemente, a relacionarse de una manera distinta con el cuerpo que habita todos los días.
Eso es parte de lo que está ocurriendo en las instituciones educativas Aulas Colombianas, sede Vitelma, y Antonio José Uribe, sede A, en la localidad de Santa Fe.
Hasta allí ha llegado uno de los componentes del proyecto "Fortalecimiento Comunitario y Formación Ciudadana para la Seguridad y Convivencia Sostenible en Santa Fe" – CPS 437-2025, ejecutado por el Consorcio Santa Fe Convive. La iniciativa contempla, entre otras acciones, intervenciones en instituciones educativas enfocadas en convivencia escolar, resolución pacífica de conflictos y enfoques restaurativos.

TABOSE acompaña este proceso como uno de los medios comunitarios encargados de documentar y divulgar las acciones que están ocurriendo en el territorio.
En los colegios, la escena se aleja de la imagen tradicional de una clase con estudiantes inmóviles frente a un tablero.
Aquí hay movimiento.
La tallerista Anny Caicedo, profesional en Educación Artística, ha liderado los encuentros a partir de una metodología kinestésico-corporal. El cuerpo se convierte entonces en una herramienta para explorar, comunicarse y comprender al otro.
Moverse también puede ser una forma de aprender convivencia.

A través de ejercicios corporales, los niños, niñas y jóvenes encuentran otras maneras de relacionarse con el espacio, reconocer sus propios límites y encontrarse con quienes los rodean. Durante algunas horas, el salón o el patio dejan de ser únicamente lugares de tránsito escolar para convertirse en escenarios de experimentación, expresión y encuentro.
Y eso importa especialmente en territorios donde crecer no siempre es sencillo.
Buena parte de los estudiantes que participan en estos procesos viven en contextos atravesados por condiciones socioeconómicas complejas. Las dificultades del entorno no desaparecen al cruzar la puerta del colegio. Llegan con ellos, hacen parte de sus experiencias y, muchas veces, también atraviesan la manera en que se construyen las relaciones cotidianas.
Por eso abrir posibilidades diferentes dentro de la jornada escolar tiene valor.
No se trata solamente de bailar, moverse o realizar una actividad distinta a las clases habituales. Se trata de permitir que aparezcan otras dinámicas: reconocer al compañero, habitar el espacio sin agredir, expresarse, trabajar colectivamente y descubrir que el cuerpo también puede ser un territorio de comunicación y cuidado.
Una intervención que se construye con los colegios
Las intervenciones tampoco llegan de manera improvisada.
Antes de iniciar los procesos, las necesidades son dialogadas y priorizadas con las directivas de cada institución educativa. Son los colegios quienes conocen de primera mano las situaciones que atraviesan sus comunidades y quienes identifican los temas que requieren mayor atención. A partir de allí se construye la articulación con la Alcaldía Local de Santa Fe y con el proyecto.
El CPS 437-2025 tiene precisamente entre sus propósitos fortalecer la convivencia ciudadana, la apropiación del territorio y los procesos comunitarios mediante acciones de formación y participación en diferentes escenarios de la localidad.
En los colegios, ese propósito adquiere rostros, movimientos y voces concretas.
Porque fortalecer la convivencia no siempre comienza con grandes discursos. A veces comienza con algo mucho más sencillo: un grupo de niños aprendiendo a compartir un espacio de otra manera.
Cuando las políticas se sienten en la vida cotidiana
Desde TABOSE hemos podido acompañar y registrar este proceso desde cerca. Y lo que ocurre en estas instituciones educativas muestra algo fundamental: cuando los recursos públicos logran convertirse en experiencias concretas dentro de los territorios, las políticas dejan de ser únicamente documentos y empiezan a sentirse en la vida cotidiana.
Estas intervenciones son una muestra de una apuesta que está llegando a la población de Santa Fe: generar espacios donde niños, niñas y jóvenes puedan encontrarse, expresarse y ensayar otras formas posibles de convivir.
Porque también así se transforma un territorio: un colegio, un cuerpo y un encuentro a la vez.