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Hablar de responsabilidad no siempre significa hablar de castigo

Redacción TABOSE

Estudiantes junto a una pancarta que dice: la responsabilidad penal juvenil busca restaurar y reparar a la víctima

Hablar de responsabilidad no siempre significa hablar de castigo.

A veces significa escuchar. Reconocer el daño. Entender qué ocurrió, a quién afectó y qué puede hacerse para repararlo.

Esa es una de las conversaciones que hoy está entrando a las aulas del Colegio Aulas Colombianas, sede Vitelma, en la localidad de Santa Fe, como parte del proyecto "Fortalecimiento Comunitario y Formación Ciudadana para la Seguridad y Convivencia Sostenible en Santa Fe" – CPS 437-2025, ejecutado por el Consorcio Santa Fe Convive.

Estudiantes con el tallerista mostrando los kits escolares entregados por el proyecto Santa Fe Convive
Jornada del proyecto CPS 437-2025 en el Colegio Aulas Colombianas, sede Vitelma

TABOSE acompaña este proceso como medio vinculado a la estrategia de divulgación del proyecto, documentando las experiencias que empiezan a tomar forma en los colegios y en otros escenarios comunitarios de la localidad.

En esta ocasión, el tallerista y profesional César Barrera ha venido desarrollando con los estudiantes un tema que muchas veces parece reservado para abogados, jueces o instituciones: los enfoques restaurativos y su relación con el Sistema de Responsabilidad Penal para Adolescentes.

Pero en el aula el lenguaje cambia.

La conversación comienza desde preguntas mucho más cercanas: ¿qué pasa cuando alguien causa daño?, ¿qué significa asumir una responsabilidad?, ¿es suficiente imponer una sanción?, ¿qué necesita una persona afectada para sentirse escuchada?, ¿cómo puede una comunidad reconstruir una relación después de un conflicto?

Ahí aparece el enfoque restaurativo.

A diferencia de una mirada centrada únicamente en el castigo, la justicia restaurativa pone el énfasis en comprender las consecuencias de una acción, reconocer a las personas afectadas, asumir responsabilidades y buscar caminos de reparación. No significa desconocer las normas ni eliminar las consecuencias. Significa ampliar la conversación para que la respuesta frente al conflicto también pueda producir aprendizaje, conciencia y reconstrucción de los vínculos.

Estudiante pintando con las manos una pancarta sobre responsabilidad penal juvenil y reparación a la víctima
Los estudiantes plasman con sus manos los principios de la justicia restaurativa

Para los niños, niñas y jóvenes, acercarse a estas ideas dentro del ámbito escolar permite comprender que la convivencia no consiste simplemente en obedecer reglas.

También implica aprender a tramitar desacuerdos, reconocer los propios actos y entender que las decisiones individuales tienen efectos sobre otras personas.

En territorios que enfrentan condiciones sociales y económicas complejas, estas conversaciones adquieren una relevancia particular.

Muchos jóvenes crecen escuchando hablar de violencia, conflictos, justicia o sanciones desde afuera, como asuntos que pertenecen únicamente a la policía, los tribunales o las instituciones. Llevar estas discusiones al colegio permite convertirlas en herramientas pedagógicas y preventivas.

César Barrera profundiza durante los encuentros en la manera en que los enfoques restaurativos pueden ser aplicados a situaciones cotidianas: conflictos entre compañeros, agresiones, dificultades de convivencia o decisiones que terminan afectando a otras personas.

El objetivo no es convertir el salón de clases en un tribunal.

Es exactamente lo contrario.

Es abrir un espacio donde los estudiantes puedan comprender que existen formas diferentes de enfrentar el conflicto antes de que este escale.

La inmersión académica en temas relacionados con el Sistema de Responsabilidad Penal para Adolescentes también permite que los jóvenes conozcan que existen marcos institucionales específicos para quienes son menores de edad y que estos procesos buscan incorporar dimensiones pedagógicas, protectoras y restaurativas.

Pero quizás el aprendizaje más importante ocurre mucho antes de que cualquier joven tenga contacto con ese sistema.

Ocurre cuando alguien descubre que pedir perdón no siempre basta, que reparar implica acciones concretas y que asumir una responsabilidad también puede ser una forma de crecer.

Convivir también se aprende

Desde TABOSE, acompañar estas jornadas permite observar cómo una política pública adquiere sentido cuando llega al aula y se convierte en conversación.

No en una charla distante.

No en una norma escrita que pocos comprenden.

Sino en jóvenes preguntando, discutiendo, escuchando y entendiendo que convivir también se aprende.

Y quizá ahí esté uno de los mayores aportes de este proceso en Santa Fe: demostrar que prevenir la violencia también significa enseñar otras maneras de resolver el conflicto.

Porque restaurar no es borrar lo ocurrido.

Es aprender qué hacer con ello para que el daño no tenga siempre la última palabra.