Las manos que sostienen la vida también tuvieron su día
Redacción TABOSE

Hay un trabajo que empieza antes de que amanezca y no termina cuando cae la noche. No tiene horario de salida, ni vacaciones, ni un aplauso al final de la jornada. Es el trabajo de quien baña, alimenta, acompaña, levanta, escucha y vela. El de quien aprende a interpretar un silencio o un gesto de dolor. El de quien pospone su propia cita médica porque hay alguien que la necesita más. En Santa Fe ese trabajo tiene nombre y tiene rostro: es el de las mujeres cuidadoras. Y el pasado viernes 24 de julio de 2026, por unas horas, dejó de ser invisible.
Desde las 9:00 de la mañana, el Parque Santander —en la Carrera 7.ª con Calle 13— se transformó en un territorio de descanso. Allí se celebró el quinto encuentro "Reconociendo a las cuidadoras de Santa Fe", una jornada que convocó a decenas de mujeres que sostienen hogares enteros y que, esta vez, llegaron no a cuidar, sino a ser cuidadas.
Saberes, cuerpo y ternura
La programación abrió con estaciones de aprendizaje sobre el uso de plantas ancestrales para el autocuidado. No fue folclor: fue memoria. Muchas asistentes reconocieron en esas hojas los remedios de sus abuelas y volvieron a nombrar en voz alta un saber que aún tiene mucho que decir sobre cómo sanar.

Siguieron los talleres de higiene postural, que pusieron sobre la mesa algo que pocas veces se dice: cuidar duele. Duele la espalda de tanto levantar, la cintura de tanto agacharse, los hombros de tanto sostener. Aprender a proteger el propio cuerpo no fue un lujo de la jornada, fue su corazón: el recordatorio de que ese cuerpo también importa.
Y estuvieron las sesiones de manicure. Podría parecer un detalle menor, pero quien conoce esta labor sabe que no lo es. Son las manos que limpian, cocinan y consuelan. Que alguien se detuviera a cuidarlas, a mimarlas, a devolverles belleza, fue una forma silenciosa de decir: tu cuerpo también merece ternura.

La fiesta que se ganaron
Después llegó la música. La agrupación Los Yépez puso a sonar el parque y lo que empezó como una presentación artística terminó convertido en baile: mujeres que llevan años cargando peso soltaron el cuerpo, se rieron, se tomaron de las manos y ocuparon el espacio público como suyo. Fue, quizá, el momento más elocuente del día. La jornada cerró con la entrega de un regalo a cada asistente, porque el reconocimiento, para que sea real, también tiene que poder tocarse.

El encuentro contó con la presencia del alcalde local de Santa Fe, Diego Alejandro López, quien acompañó a las cuidadoras durante la jornada, junto al equipo encargado de los temas de género de la Alcaldía Local. También participaron instituciones de los sectores Mujer y Vivienda, que acercaron su oferta y orientación a las asistentes, convirtiendo el reconocimiento simbólico en acceso concreto a derechos.
Un descanso que fue también una declaración
Lo que ocurrió ese viernes en el Parque Santander fue mucho más que una programación cumplida. Cada estación, cada taller, cada canción afirmó que las cuidadoras no son un recurso infinito ni un engranaje invisible: son mujeres con cuerpo, con historia, con cansancio y con derecho al goce.
Cuidar a quien cuida no es un gesto de caridad. Es entender que sin ellas nada de lo que llamamos comunidad se sostendría, y que una sociedad que las reconoce y les devuelve tiempo para sí mismas es, sencillamente, una sociedad mejor.
Ese día, en el corazón de Santa Fe, hubo plantas, música, manos cuidadas y risas. Hubo, sobre todo, un mensaje que muchas necesitaban escuchar: no estás sola, y tu trabajo importa.